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Al Ritmo del Barrio: Los Sonideros en el Zócalo capitalino.

Por MaFer Mendoza



¡Cumbia, cumbia, cumbia, esto si que es cumbiaaa! El Zócalo capitalino vibra con cada canción, en su 2da edición El gran baile de Sonideras y Sonideros reúne a chicos y grandes para sacar brillo del pavimento. Desde muy temprano los capitalinos e invitados llegan y dan vida al centro de la Ciudad, entre salsas y cumbias levantan el polvo del asfalto para abrir la enorme pista y mostrar sus mejores pasos. 


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En la “Noche de Primavera 2024” las sonideras son las estelares de la tarde, en un colosal escenario demuestran que las mujeres también saben mezclar. Con un “suéltala que ya sabe caminar” dan inicio a la enorme fiesta, las parejas se juntan y sacan a relucir sus mejores pasos. Los edificios de alrededor reciben de primera mano los estragos de la celebración, las ventanas resisten las composiciones que impactan fuertemente y sus residentes contemplan la larga jornada que les espera. 


El baile apenas comienza, las olas de personas llegan emocionadas a la explanada capitalina; con sombrillas, gorras y sombreros buscan ganar la batalla contra el inclemente sol que parece no rendirse, pero eso no es un obstáculo, quieren aprovechar al máximo las horas que aún les quedan. La multitud llega de todas las zonas de la ciudad, desde los barrios bajos hasta aquellos donde la cumbia acompaña un domingo de limpieza. 


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“Quiero ver ese círculo” gritan los sonideros y se escucha por todo el Zócalo, los asistentes acatan la indicación y se reúnen alrededor de una pareja de hombres; los observan moverse, copian sus movimientos y les aplauden cuando terminan de bailar. La música lo hace de nuevo, reúne en un solo lugar la diversidad popular y forma un espacio seguro para que todos saquen sus mejores pasos. No se distinguen edades, nacionalidades, orientación sexual, ni género, no importa si se está solo o acompañado, la comunidad sonidera se vuelve una sola para disfrutar de la cumbia. 


La tarde cae y la explanada central desborda de ánimo, el flujo de personas viene y va, los fanáticos llegan para disfrutar de su sonido favorito, los transeúntes detienen su andar y dejan sus bolsas en el piso para unirse a la verbena, una pareja de adultos mayores se vuelven recuerdo en un celular que los graba a la distancia: los extranjeros confundidos alzan sus aparatos tratando de entender lo que sucede. Y es que ¿Cómo se le explica a un turista que son los pasos prohibidos? 


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Desde el escenario, y con su característico traje, los pachucos presumen sus tan icónicos movimientos, con una destreza sobrenatural doblan sus rodillas y se levantan en un rápido movimiento siguiendo el ritmo de la música. Con una condición envidiable realizan el performance que acompaña a los sonideros, desde la tarima animan a las personas a bailar con ellos, a dejar la pena de lado y disfrutar de la música en esa tarde. 


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Entre la música y el bullicio se distingue un sonido muy conocido: “Agua, agua de 10”, “Playeras lleve sus playeras”, “Sombrillas para el calor, de a 50”, con impactante habilidad los vendedores ambulantes se mueven entre los grupos de personas, esquivan los pies bailadores que amenazan con pisarlos y esperan la vuelta adecuada para moverse de lugar. Se desplazan por toda la explanada, van y vuelven al mismo lugar una y otra vez ofreciendo sus productos a cualquiera que pase por ahí, terminan su trabajo rápidamente, buscan una pareja de baile y regresan a la pista con otro propósito, porque siempre hay tiempo para una cumbia. 


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El calor sofocante da tregua a los asistentes, las tiendas de alrededor bajan sus cortinas y el Zócalo se pinta con destellos de colores provenientes del sonidero. Las estrellas están por salir al escenario, los estelares se preparan para hacer temblar el asfalto y los bailarines callejeros advertidos de lo que pasa, calientan motores para dejarlo todo en la pista. El escenario se enciende y el rey de esa noche aparece, el aire fresco y los gritos de emoción se adentran por los oídos y recorren el cuerpo para enchinarlo por completo. 


“Changa” se escucha por toda la Ciudad, los gritos eufóricos hacen temblar la explanada y despiertan a los que ya están dormidos. La leyenda viviente de Ramón Rojo aparece en el escenario y con una canción reinicia la gran fiesta capitalina. Entre gritos, empujones y teléfonos en el aire, los que pueden se dan espacio para bailar y disfrutar del legado musical que el sonidero representa. Con un notable cansancio pero sin ganas de dejar de bailar la gente disfruta de esta “Noche de Primavera”, las personas gozan la música que los barrios les regalan, atesoran los recuerdos que una nueva estación les obsequia con su llegada.




 
 
 

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