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Madero: La avenida de las historias.

Por: MaFer Mendoza



Bajo el ardiente sol que anuncia el mediodía, los vendedores entran al ring de pelea cuyo propósito es conquistar las carteras y monederos de los clientes. Los OXXO´S, 7-Eleven y K-mart, el Miniso de la esquina, los restaurantes en las terrazas, las plazas de lentes y el templo de San Francisco mandan a la batalla a sus mejores contendientes que con sus habilidades persuasivas buscan la inminente victoria de llevar a los transeúntes hasta sus negocios.


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La Avenida Madero, una artería tan emblemática de la Ciudad de México se compone de una atmósfera colonial y moderna que durante el paseo por la extensa calle modifica la época, presentando escenarios plagados de bestiales comercios que contrastan a la vez con aquellos nómadas. Por un lado, una tienda Mixup que vende productos Apple de alta gama y frente a ella un conjunto arquitectónico con varios claustros, templo, capillas y atrio que diariamente son visitados.



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Los animadores religiosos buscan con ansías llamar la atención extranjera y despachar el mayor número de objetos sagrados, pero por un puntaje más arrasador y la preferencia del público los ganadores inminentes resultan ser los rivales de la Casa de los Azulejos. Toda esta avenida se convierte en una arena que presencia las batallas que se libran diariamente; desde la rivalidad entre H&M y Pull&Bear hasta el combate contra la presencia extranjera que trae como resultado una Coca de seiscientos mililitros en veintitrés pesos.

 




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Y es evidente que está calle no se salva de la gentrificación, los dos Starbucks a lo largo de la avenida, las tiendas Samsung, las terrazas, la Casa de Toño y la sucursal de Zara combinan con los extranjeros que pasan su tiempo en ellas, mientras los negocios menos populares luchan por ser vistos entre la multitud de gente. Altos, güeros, ojos azules y barbones circulan ya sea en grupos o solos, admirando el territorio mexicano y lo que este tiene para ofrecerles pero que dejan de lado y consumen lo que hay en su país.



Entre el ambiente tan cotidiano y ya conocido por varios un espacio rompe con la inmovilidad de los negocios, en medio de una agencia de viajes y una tienda de conveniencia el Pasaje América cambia constantemente los productos que ofrece, pues su giro principal es la renta del lugar y se usa como espacio para bazares; estos lugares donde se encuentra todo tipo de precios y mercancías que curiosamente asemejan a la atmósfera que se vive en la avenida de afuera.

 

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Con una bocina a todo volumen y reproduciendo los éxitos noventeros de Paulina Rubio y Kabah, el hombre parado fuera del pasaje llama a visitar las instalaciones del Bazar. Negocios que buscan aminorar con unos pesitos el gasto de los transeúntes, ofrecen descuentos en sus productos y que igualmente compiten con las grandes marcas que los observan desde afuera.


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Pero como Panteón Rococó dice en su icónica canción: “Por la avenida va circulando el alma obrera de mi ciudad, gente que siempre está trabajando y su descanso lo ocupa pa' soñar”. Esa es la otra cara de la moneda, la gente que camina por Madero no sólo son visitantes, se ven madres de familia que van por sus hijos a la escuela o los comerciantes que abren sus negocios para completar el gasto, también los trabajadores que llegan a prisa y cortan camino por esa avenida y los empleados que atienden entre el ruido y la prisa de la gente porque tienen que sacar para la papa.

 

A medida que se acerca la noche, la Calle Madero se ilumina con luces tenues, el flujo de gente disminuye poco a poco, la música se apaga, algunos restaurantes recogen sus mesas de las aceras y los comercios bajan sus cortinas. El trayecto hacia el metro más cercano se llena de trabajadores fuera de sus turnos y la calle continúa con un flujo menos pesado que el de la mañana.

 
 
 

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